Odio ir a gimnasia los miércoles. Odio hacer gimnasia, y me molesta que me corte la tarde el hecho de hacer gimnasia. Le otorgaría con gusto el título de odio a quien me puso gimnasia desde las tres y media de la tarde hasta las cuatro y media de la tarde. ¿Es que los adultos cambian tanto cuando crecen? ¿No se acuerdan de haber sido adolescentes? Cada vez nos achican más las vacaciones y nos agregan más días de clase. Cada vez descansamos menos, y cada vez rendimos menos en el estudio. Cada vez nos llevamos más materias, y como descansamos poco, rendimos antes, rendimos mal. Y si rendimos mal, repetimos. Y si repetimos, problemas. Y problemas, y más problemas, y perdiste un año de estudio, y gimnasia a las tres y media de la tarde me hace mal, en resumen.
También lo odio los lunes, pero los lunes son más tranquilos. Salgo del colegio sin ilusión de venir a mi casa a descansar. Salgo a la una y media de la tarde, y entro a gimnasia al mismo instante. Es un sufrimiento, pero nada peor que las tres y media de la tarde, y un miércoles, mitad de la semana, ni te cuento.
A esto sí le llamaría una auto descripción de mi día. Porque hoy no odié gimnasia, hoy me gusto tener gimnasia a las tres y media de la tarde.
Llegué a mi casa a las dos menos cuarto. Mi casa da miedo, es una cueva. A mi madre no le gusta la luz entonces ella baja todas las persianas y cierra todas las ventanas. Lo peor es que siempre estoy sola, así que llegué a mi casa con un sentimiento de soledad inmenso esperándome. Hice lo de todos los días, fui a mi cuarto, prendí la computadora y fui al baño a lavarme las manos. Luego volví a mi habitación y me senté en la computadora, sin hacer absolutamente nada, como todos los días. Tenía que comer algo y lo sabía, y después tenía que ir a gimnasia. Pero mi cuerpo no respondía, entonces llamé a mi madre para preguntarle qué había de comer. Arroz. Qué asco. Odio el arroz. Pero igual lo hice, y le puse mayonesa encima. La comida más asquerosa que me hice en toda mi vida. Miré la hora. Tres y veinte de la tarde, así que salí corriendo de mi casa hacia el colegio. No puedo decir que no la pase mal, sinceramente me reí mucho hoy en gimnasia. No la odié, la pase bien. La hora paso rápido, así que luego de una gran victoria con mi equipo en un juego de voley, volví caminando a mi casa.
Hasta cierto punto, caminé con mis amigas. Luego tuve que separarme, porque yo vivo para el lado contrario del cual ellas viven. A pesar de haber caminado sólo una cuadra sin mis amigas, muchos pensamientos se cruzaron en mi cabeza. Pensé en lo poco que me estoy preocupando por el colegio, pensé en mis amigas que querían subir sus notas, pensé en la Coca-Cola que dejé afuera de la heladera antes de irme, y también pensé en las enormes ganas que tenía de encontrarte en la esquina de mi casa mirándome inocentemente, esperando mi llegada. Cosa que no pasó, no te encontré mirándome y esperando mi llegada, solo encontré viento y hojas en la puerta de mi edificio, además de un portero muy feo saludándome, pero tu presencia no la sentí cerca, no volví a sentirla cerca. Así que simplemente subí, me serví un vaso de Coca-Cola con dos hielos y un sorbete, y me puse a escribir cuánto odio gimnasia los miércoles a las tres y media de la tarde.
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